BENJI EL ELEGIDO: JORGE LUIS TELLES

* Regresa Benjamín Gil como manager de Tomateros

* Decisión resultante de análisis y de un abanico de opciones

* El próximo lunes, presentación ante los medios de comunicación

Jorge Luis Telles Salazar

En dos actuaciones como manager de Tomateros de Culiacán, Benjamín Gil vivió, intensamente, las dos caras de la moneda: ascendió, la primera de ellas, a lo más alto de la esfera celestial, para caer, durante la segunda, a lo más profundo de los infiernos. En breve lapso, Benjamín fue ambas cosas: un estratega temido, respetado y envidiado y a la vuelta del calendario, un manager cuestionado, vituperiado y vilipendiado. Campeón en 2014-2015; fuera de postemporada, en 2015-2016.

Actor estelar de la obra en los últimos cuatro cetros del equipo guinda, sin contar el que obtuvo como timonel (1995-1996; 1996-1997; 2001-2002 y 2003-2004), siempre se dijo, cuando Gil se fue de la organización, que algún día regresaría a la misma, con un cargo directivo y en enero de 2015 – nueve meses antes del inicio de una nueva temporada – esto se hizo realidad: Juan Manuel Ley López, entonces presidente del club, hizo el anuncio correspondiente en el marco de un concurrido encuentro con los representantes de los medios de comunicación, justamente en una de las salas de conferencias del corporativo Ley, allá por el Norte de esta ciudad capital.

Y Benji se hizo cargo formal del equipo desde el primer día de los entrenamientos, previos a esa edición de la Liga Mexicana del Pacífico; pero, de hecho, comenzó a trabajar en la estructuración del plantel, a partir de la fecha misma de su designación. Gil tomó el asunto con emoción, seriedad y responsabilidad y Juan Manuel depositó en él toda la confianza y el afecto que siempre tuvo por este pelotero, transformado invariablemente en un verdadero guerrero en el campo de batalla. Benjamín tuvo momentos estelares y brillantes: la gente le recuerda, especialmente, aquel hit que significó el campeonato del 97 contra los Naranjeros de Hermosillo; pero está también ese gran batazo sobre Ariel Prieto, de los Yaquis de Obregón, que significó la corona en el 2004.

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Con diez años completos de sequía campeonil – incluso de una serie titular – el tijuanense tomó el timón de la nave guinda en el otoño del 2014 y de entrada su estilo de juego no alcanzó la aceptación general, al privilegiar lo que hoy día llaman el béisbol pequeño, por encima de la espectacularidad. Contra la crítica, tendrá que reconocerse que ese estilo de Gil era el más apropiado para un equipo que, carente de bateadores de largo alcance, si contaba, en cambio, con peloteros rápidos (algunos muy rápidos), hábiles y “cancheros” como les llaman en el futbol. Robos de base, toques de bola, bateo y corrido, caracterizaron a esos Tomateros de Culiacán del 2014-2015.

Benjamín demostró hacer lo correcto – a pesar de que la crítica le arriaba un día sí y al otro también – al llevar a los Tomateros de Culiacán, en forma tranquila pero sin espectacularidad, a la primera ronda de la postemporada; avanzar a la fase de semifinales y calificar a la gran final, luego de una tremenda serie contra los Águilas de Mexicali. Ya en esa etapa, el equipo guinda se inspiró y con buen pitcheo, mucha velocidad y bateo oportuno, pasó en cinco juegos sobre los Charros de Jalisco para coronar a los Tomateros por décima ocasión en su historia, en lo que fue la última noche de gloria para Juan Manuel Ley, el Tomatero mayor.

A la vuelta de un año, Benjamín Gil estaba del otro lado de la mesa.

Una temporada en la que el nuevo estadio fue el atractivo principal para llenarlo noche a noche – en no pocas veces al máximo de su capacidad -; pero en los cálculos al 30 de diciembre, los Tomateros estaban eliminados y en una condición pocas veces vista a lo largo de la historia de la Mexicana del Pacífico: fuera de los “pley offs”, inclusive.

El número de derrotas superó con mucho al de las victorias y Tomateros navegó, prácticamente desde el comienzo y hasta el final entre el sexto y el octavo sitio de la tabla de posiciones. Muchos descalabros, más allá de los presupuestados. Por menos que eso, mucho menos, no pocos managers del equipo guinda habían sido víctimas de cese fulminante, en la lucha permanente por mejores resultados.

Juan Manuel Ley toleró a Benjamín Gil más de la cuenta. Lo aguantó, de hecho, durante toda la campaña y para el 30 de diciembre ya había terminado el béisbol en Culiacán con todo y su imponente coso beisbolero. Que fiestas de enero, ni que nada. El flamante campeón, estaba destrozado.

El mayor del clan Ley falleció en enero de 2016 y ahí también murieron las esperanzas de Benjie en el sentido de renovar contrato con Tomateros; sin embargo quedó siempre la idea de un eventual regreso de Gil a los guindas.

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Para la temporada 2016-2017, la nueva directiva de Culiacán contrató los servicios del puertoriqueño Lino Rivera, que llevó a Tomateros al primer lugar de la vuelta inicial y cosechó la máxima puntuación. Para el lapso complementario se le cayó el equipo y también cayó el experimentado manager boricua. Concluyó Che Reyes y aunque logró levantar la nave hacia el final, no la califico a la serie titular, para matar las esperanzas de los aficionados locales que anhelaban ver a los guindas en la Serie del Caribe.

Enrique Reyes parecía una buena opción para la dirección del plantel; sin embargo, los resultados no dejaron del todo satisfechos a los nuevos magnates de la organización. Lo descartaron pronto, de hecho.

Con la contratación de Mario Valdez como gerente deportivo del club, se inició el proceso de reestructuración del equipo, cuyo primer paso era, precisamente, la designación del manager, antes de tomar otras decisiones. Ya quedó: será Benjamín Gil, de nueva cuenta y las reacciones serán variadas entre los aficionados de casa.

Como sea, el lunes será presentado como tal ante los medios de comunicación.

En nuestro poder, la invitación correspondiente: desayuno-conferencia, en conocido restaurant de comida regional de la ciudad.

Ahí nos vemos.

Un solo deseo: que Dios los bendiga. Ahora y siempre.